Aug 13, 2010

Recuerdos


-Los mejores recuerdos están acá- me dice, tocándose con el índice de la mano derecha la parte lateral de la cabeza, mientras lo miro desorbitada. Sus ojos rojos predicen el dolor y la certera noción de que sabe de que habla. Para él, la materia perdió sentido sin su forma. Una carta, una foto, aquél viejo cuaderno de anotaciones, un rosario: no significan nada. Letras, imágenes, antiguas escrituras de una vida pasada. Sólo eso. Sus recuerdos son ideas, formas no tangibles que nadie ve más que él, que nadie siente. Su cabeza lo contiene todo, lo bueno y lo malo, no descarta, no lo escribe, no lo plasma. Él es su vida, su pasado y su destino, su nombre. Es oscuro, obstinado. Su piel encubre la esencia de la que habla, cree ciegamente en lo que dice. Su cuerpo es nada, pero está colmado de recuerdos. Su mente viaja y se pierde, revive anécdotas, momentos, miradas que quedaron impregnadas en su retina. Cierra los ojos, lo exterior desaparece y el vive, vive allá, donde el recuerdo. Siente aromas, pasiones: todo le duele como aquella vez. El en la plaza, el tobogán eterno, la clavija salida y el pantalón roto. La arena esperándolo en los brazos de quién mas tarde dejaría su vacío, vacío que se hizo recuerdo, recuerdo que se hizo vida, tiempo muerto que perdió guardando espacios para esas memorias encantadas que perdieron su magia y que sólo revelan que los mejores recuerdos no están solos, porque también están esos.

-¿No anotas nada? –le pregunto. Yo que todo lo escribo, que todo lo anoto, por miedo a olvidar. Escribir algo se vuelve la certeza de recordarlo para siempre, con sus detalles más ínfimos, con sus colores más claros. Me desvela su mirada entera. La comparo. Tan vacías siempre, pero él, él elige su pasado como si fuera un juego. Lo niega. Imagino su mente: un laberinto cuyo centro encierra algún ser ficticio, con cuernos de vaca y olor a magia negra.
-Palabras, tus cuadernos son palabras. Las necesitas para evocar recuerdos. Yo puedo sólo-. Me inquieta su seguridad. ¿Cómo sabe? Recuerda sin lenguaje y, aunque es callado, tímido y arrogante, sus palabras son exactas. Parecen seleccionadas perfectamente, como si en un segundo su mente hiciera una lista de palabras para definir la situación y su postura y el eligiera la mejor, sin notarlo, claro. Estaría enfermo. Nadie que pueda discernir tan claramente cómo funciona su cerebro, podría estar sano. Loco.
Tomo mis cuadernos con angustia. Los abrazo queriendo soltarlos. Un momento de nuestra infancia se interpone en mi mente y me nubla. Estamos sentados en el patio de la vieja casa. Llueve. El desagote está tapado y el agua no corre. Se hace pileta, caen piedras. Las paredes son de cemento y eso hace que el recuerdo sea gris, con ese tinte opaco que toman los recuerdos de la infancia cuando uno se va poniendo viejo. Jugamos a nadar, reímos. Somos felices sin necesidad de ponerlo en palabras.

Ornella.

6 comments:

regi said...

genial zubi. geenial. me encantó.

Anonymous said...

Impresionante, una especie de cachetazo para las que lo escribimos todo. Pero a pesar de ser asì, la mejor versiòn no es la escrita sino la que queda en el labertinto de la memoria, etiquetada y sentida. Besote y felicitaciones!!!
la tìa.

Ramita said...

Yo creo en la memoria material y en lo que guardo en la cabeza..

Excelente querida, me gustó mucho!

Sil

Anonymous said...

Pendex...todo está en el "marote" díría mi papá. Y preferiría cualquier otra menos perder la cabeza en todos sus sentidos.

Hacía mucho que no leía tus textos y siempre voy a admirar tanto de vos como de Silvina, esa capacidad de reflejarnos.

Un beso!

Lula

MM said...

Ojo que en ambas opciones...
el material puede ser destruido por el fuego
hay cabezas quemadas por ahi...

dicen que el fuego cura toodooo, pero diez años son muy pocoooossss...(ah...no decia eso la cancion)

lindo texto, veo muchos colores en las palabras

VdeUve said...

No sé por qué, pero me vino a la mente Effing, uno de los personajes principales de "El palacio de la Luna", de Paul Auster.
Excelente texto. Te superas a cada peso.

V.