Apr 26, 2011

Psiquis en París.

Ya despierto mi kundalini, estoy ante la puerta de un nuevo universo que, mágico al nivel de París, me lleva a disfrutar el paseo por los recuerdos más livianos –como una simple caminata por Champs Élysées– hasta los más crueles –como no encontrar al jorobado en Notre Dame–. Como el Sena surca la ciudad y la divide en dos, mi vida camina por los puentes que dividen y unen, y se planta en el medio, ante la mismísima imagen de Cristo y la presencia del mal. Sólo ahí puedo entender lo ocurrido, sólo ahí, habiendo subido 400 escalones, puedo respirar con calma y reconocerme allá: del otro lado del mundo. Abrazarme a una gárgola en el mismo momento en el que degustará una liebre y contarle un secreto que habla del tiempo. Un pasaje de Madrid reaparece para traerme mi única meta, mi único logro. Voy de París a Madrid y de Madrid a París en un sintiempo en el que todo es uno. Un oso comiendo de un madroño me saluda desde la Puerta del Sol y me invita a seguir soñando, clásicos dulces sueños que me mantienen en vilo desde hace tanto y para siempre. Un Palacio de Cristal que jura no romperse nunca, ni ante la más fuerte tormenta. Y entre palacios llego a Versalles y lo siento: los jardines se parecen a ese lugar en el que todos anhelamos perdernos y las magnánimas estatuas me dejan la sensación de todo ese lujo, de toda la historia. Entre María Antonieta y el Gran Trianon, lo que siento se va haciendo tangible: es real. Si existe Versalles, todo puede existir en este mundo. Una llama en una tumba de un soldado desconocido en el Arco del Triunfo, me recuerda que estuve ante Cortázar en el mismo Montparnasse en el que las flores del mal rodean la tumba de Baudelaire, que anduve las calles de Rayuela, que tomé el Metro en Sevres Babylone, que tal vez exista ese genio malvado que hará desaparecer París y, de un soplido, derribará la Torre Eiffel. Que ya no importa lo que pase: siempre podré cerrar los ojos y morir caminando por una callecita de Montmartre.

2 comments:

Anonymous said...

Increíble haber sido espectadora de tan maravilloso espectáculo! Ver cómo viajabas en el espacio, el tiempo, la magia y lo real. Gracias por describirlo y compartirlo.
La Tía.

Anonymous said...

Me encantás, sos un sueño Ornella. Te casarías conmigo eventualmente?